La formación inicial se compone de Edu D. (elEdu), Hugo P. (Grafo), Hernan G. (PIC), Carli C. (Calito), con la participación especial de
Jorge V. (El Alquimista) y Raúl D. (RD), pero esperamos seamos mas. En este partido como en los partidos de la vida hay alegrias, tristezas, polemicas, amores, desamores, cambios y transformaciones, seria un placer que participes de ellos junto a nosotros..

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viernes, 21 de mayo de 2010

Aguanten los Pibes


Sin que nadie lo advirtiera, el pitazo final del árbitro Laverni, que consagró campeón a Argentinos Juniors, marcó también el cierre del primer gran torneo de Papi- fútbol en la República Argentina.
El fenómeno permaneció oculto bajo un nombre de fantasía: “Torneo Iveco del Bicentenario-Clausura 2010”. Pero la contundencia de los datos es tal, que la ficción no puede sostenerse:
El jugador emblemático y decisivo; el único verdaderamente irremplazable del equipo ganador fue José Luís Calderón, próximo a cumplir 40 años. Increíble pero real, un minuto antes de comenzar el campeonato, Caldera acomodaba su vida a una situación de retiro cuando el DT Borghi lo tentó a jugar un alargue.
La figura emblemática y decisiva; el único verdaderamente irremplazable del equipo que dio batalla hasta el final y quedó ahí nomás, a un punto de la gloria, fue Juan Sebastián Verón, de 35 años. La Brujita se dispone a dar las hurras después del Mundial y relanzar su carrera como dirigente para presidir a Estudiantes de la Plata, primero, y la AFA después. Cuando Verón se fue expulsado en la penúltima fecha, el Pincha no supo cómo ganarle, de local, a un club que reza para no descender. Y en esa impotencia se le escurrió el campeonato.
Ni hablar de los clubes "grandes".
Si Boca, que arrastra la paradoja de llamarse “Juniors”, no terminó en el fondo de la tabla fue porque su larga noche se iluminó con los destellos intermitentes de Juan Román Riquelme, quien el 24 de junio cumple 32 años. Y con los goles de Martín Palermo, que en noviembre soplará 37 velitas. Como una señal de los tiempos que corren, hasta el inicio de la última fecha Palermo lideraba la tabla general de goleadores.
En River, para que Ángel Cappa encienda alguna tenue ilusión a futuro, tuvieron que devolverle la camiseta número 10 a Ariel Ortega, un año menor que Palermo. A los 36, el Burrito había sido casi descartado por su problema de adicción al alcohol y las inevitables consecuencias sobre su preparación física. El otro que sostuvo la bandera en el pobre millonario fue Matías Almeyda, quien no solo orilla los 37 años, sino que había pasado los últimos cuatro sometido a los flexibles rigores del showbol.
La misma preponderancia puede adjudicarse a Rolando Schiavi (37) en Newells; el Bichi Fuertes (en diciembre festeja 38) en Colón, y siguen las firmas.
Entiéndase bien: el problema no está en su presencia, sino en lo insoportable de su ausencia.
Ya no se trata de aquello tan antiguo como el fútbol de contar con un par de tipos experimentados que dan amalgama a un equipo y, cuando se necesita, van en apoyo de los pibes. Se trata de que no hay quien los reemplace.
El fútbol criollito padece eso que la ciencia demográfica denomina envejecimiento poblacional.
Como diría Sabina, nos sobran los motivos. El más evidente es la sangría constante, el destete cada vez más precoz de los que tienen destino de cracks, aves de paso del fútbol argentino (y a veces ni eso) que anidan en las zonas cálidas del euro, la libra, el dólar, el petrodólar y hasta el rublo ruso.
El menos notorio es la abundancia de estrellas fugaces, pibes de buen pie que a cinco minutos del debut ya son cotizados en millones y en un par de meses ya miran el partido sentados otra vez junto al DT (Pablo Mouche, Jara, Patito Rodríguez, por citar unos pocos), cuando no vuelven a las inferiores (Eric Lámela). Pibes que en algunos casos no dan la talla y que en otros son victimas de las urgencias del negocio (dirigentes, representantes, periodistas) que no les concede el tiempo de maduración suficiente.
Y entonces Argentina, el semillero del mundo, convertido en un reino de imprescindibles veteranos que acarician la jubilación. Indemnes todos al inapelable paso del tiempo que en otras latitudes, este mismo año, llevó al banco de suplentes al histórico Raúl en el Real Madrid, a Tierry Henry en el Barcelona, a Paul Scholes en el Manchester United.
Pero esta es sólo la mitad vacía del vaso.
La otra mitad se llena con la celebración del talento que perdura; de los ídolos inigualables, por lo que juegan y por lo que encienden en los corazones del hincha. La permanencia de una vieja guardia que todavía vive y siente el fútbol como una pasión de tiempo completo, que analiza a los rivales, que no se pierde partido por tevé, a diferencia de la generación playstation que mientras Inter y Barsa disputan la semifinal europea tiene los dedos pegados al joystick o prefiere fisgonear a la botinera de turno en el programa de Jorge Rial o en el de Viviana Canosa.
“Viejos jugadores para ver y gozar”, se podría añadir irrespetuosamente, cuatro siglos después, a la lista de Francis Bacon, aquella que recomendaba: “vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar y viejos autores para leer”.

AUTOR: Guillermo Alfieri (Gracias Javier R. por mandarlo)
http://rambletamble.blogspot.com/2010/05/aguanten-los-pibes.html

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