La formación inicial se compone de Edu D. (elEdu), Hugo P. (Grafo), Hernan G. (PIC), Carli C. (Calito), con la participación especial de
Jorge V. (El Alquimista) y Raúl D. (RD), pero esperamos seamos mas. En este partido como en los partidos de la vida hay alegrias, tristezas, polemicas, amores, desamores, cambios y transformaciones, seria un placer que participes de ellos junto a nosotros..

......Tu comentario es bienvenido!! (gracias)...........
Queremos recibir tus aportes y sugerencias a: correomanoinquieta@gmail.com

sábado, 29 de mayo de 2010

El regalo de don Atilio

“Hay veces que no alcanzan las palabras”. Vicente se dio cuenta de esto cuando Atilio, el abuelo del gordo Chiarenza, le regaló sus primeros botines. En aquellos tiempos los Fulvencito eran algo así como el calzado de privilegiados para los pibes del barrio. Cuando los recibió en aquella bolsa de Casa Tía, Vicente los apretó contra el pecho y se fue corriendo a su casa a mostrárselos a su mamá. En el camino gritaba sin parar, le agradecía a Don Atilio por tanda bondad. Los gritos de ese pibe con botines nuevos se escucharon en todo el barrio, así como se escuchaban los pelotazos que daban contra la pared de al lado del campito donde se hacía las veces de local cuando algún equipo proponía el desafío.
Cuando llegó la noche, Vicente se sentó en la puerta de la casa, ahí justo en el escaloncito de material que hace unos días había hecho su papá. Justamente a él lo esperaba. El Chueco (así se lo conocía en la cuadra) era uno mas de esos hombres sin rostro que todos los días viajaba temprano al centro, enlatado, compartiendo el viaje con miles de rostros que cada día se multiplicaban. Pero a pesar de todo, cuando llegaba a su casa, tenía energías para levantar a su hijo y tirar algunas paredes desde la vereda hasta la cocina, ahí donde los esperaba Bety, la mamá de Vicente.
Esa noche, cuando el Chueco apareció en la esquina, Vicente sintió como si su corazón se le saliera del cuerpo. Corrió a toda velocidad, como un wing que quiere llegar al fondo para encontrarse con la pelota delante suyo y con chanfle de afuera hacia adentro ponerle la pelota en la frente al centro delantero. La bolsita de Casa Tía flameaba en el aire cual banderín que va a ser entregado al capitán del equipo contrario.
Al llegar a su papá, el pequeño saltó y se colgó como quien festeja con el compañero a quien le había prometido dedicarle el gol. Fue entonces cuando intercambiaron las primeras palabras en este ansiado encuentro:
- Hola hijo! No sabés la noticia que tengo para darte!! – dijo el Chueco con un tono misterioso.
- Mirá Papá, mirá! - gritaba Vicente sin dejar de saltar. Don Chiarenza me regaló unos botines, mirá …
La cara del Chueco se transformó. Inmediatamente abrazó a Vicente y le dijo:
- ¿Y qué esperás para ponertelos? Los tenés que ablandar para el domingo.
- Pero … si el domingo no hay partido … el campeonato empieza el mes que viene, pá.
Fue ahí cuando el Chueco volvió a tener esa mirada misteriosa, como quien quiere alargar la sorpresa pero no puede contener la alegría, tal vez porque es demasiado para guardarlo para después.
- Recién vengo del Club. El domingo vienen dos equipos de Ferro a jugar a nuestra cancha. Dicen que quieren ver a los chicos del barrio porque llegó el comentario que hay muchos pibes con condiciones.
- ¿En serio? ¡Vamos todavíiiia! – Vicente volvió a dar saltos gigantes ante la atenta mirada de su padre.
- Lo que nadie sabe es quien hizo llegar el comentario hasta Caballito, porque así de un día para el otro llamaron al Club y avisaron que el domingo están acá a las 10 de la mañana con dos equipos para jugar. Pero eso lo de menos, hay que prepararse … dale, te juego una carrera hasta casa!!!
Antes de la cena, el Chueco fue hasta la casa de don Chiarenza y le agradeció por el gesto. Atilio, amable como siempre, lo abrazó y le dijo que su Vicentito se lo merecía, por buen pibe. Así que una vez terminado el agradecimiento, el Chueco volvió a su casa.
Esa noche, Vicente no paró de pensar. Se veía con sus botines nuevos, con la número nueve en la espalda violeta de la camiseta del Alumni, su querido Alumni. Se veía perseguido por camisetas verdes que lo miraban mientras él se acercaba al área. Hasta escuchaba los gritos de Pepe pidiéndole que se la pase: “dale, dale que estoy solo, pasaala …”
Daba vueltas y vueltas en la cama, pensando cómo iba a ser su primer partido con los botines nuevos.
- Los tendría que probar mañana – pensaba.
- ¡No, qué boludo! Mañana es sábado, tengo que ir a catecismo!! La puta madre!
Y si no voy, mamá me mata y no me van a dejar jugar el domingo.
Para cuando pensó esto, ya estaba sentado en la cama, mirando donde había dejado los Fulvencito. Tenía ganas de lustrarlos, pero se dio cuenta que todavía no los había usado, no valía la pena, así que los puso más cerca de la cama, se acostó boca abajo y dejó un brazo colgando, con la mano apoyada en los botines. Así, con su tesoro bien custodiado, se entregó al sueño. Tal vez soñando podría imaginar todas las gambetas necesarias para el domingo.

Era domingo por la mañana, el Chueco y Bety tomaban mate en la cocina. El silencio que compartían mientras miraban por la ventana se interrumpió con un ruido extraño que se acercaba por el pasillo que llevaba a la pieza de Vicente. Fue entonces cuando lo vieron: camiseta violeta de Alumni, shorcito y medias blancas y … los Fulvencito! Con los pelos revueltos y la cara típica de un chico con botines nuevos se acercó al padre:
- ¡Vamos a la cancha, pá … vamos!
- Pará, pará campeón, hay que desayunar primero! Le contestó el padre mientras le acercaba la taza de mate cocido.
- Te preparé unas tostadas con manteca como te gustan – le dijo la mamá con ese tono de voz que tienen las madres cuando uno se siente tan ansioso.

El desayuno familiar siguió en silencio, salvo por el ruido de los tapones de Vicente galopando en el piso. Por la ventana se veían unas nubes oscuras que parecían preocupar al Chueco. Claro, si se largaba a llover …chau partido y ¿qué hacía con las ganas de Vicente de estrenar los botines que le regaló don Chiarenza?
Una vez que terminaron de desayunar, llenaron la canasta con galletitas, termo, mate, y un bidón de jugo de naranja y salieron los tres caminando para la cancha. A medida que se acercaban, Vicente caminaba más rápido, hacía un trotecito, levantaba las rodillas, pateaba una pelota que no estaba…
Al llegar a la esquina de la cancha, Vicente vio a sus compañeros y emprendió una carrera veloz que incluyó un salto para cruzar la zanja que rodeaba a la cancha de Alumni. Y ahí se perdió, entre tantas caras felices con sus compañeros de equipo, que como él no veían la hora de empezar a jugar.

Cuando llegó la hora del partido, el Chueco vio a Vicente parado en la mitad de la cancha preparado para empezar el juego y no pudo contener la emoción. Lo veía tan feliz, con tantas ganas de jugar para estrenar sus botines que se acordó inmediatamente de don Atilio Chiarenza y le agradeció en silencio. Abrazó a Bety que no paraba de apludir y se preparó para disfrutar.
Del otro lado de la cancha, donde estaban los de Ferro, Don Atilio Chirenza charlaba con el Director Técnico de los de Caballito, pero el Chueco no lo había visto.
Y en la mitad de la cancha estaba Vicente: camiseta violeta, shorcito y media blancas, los Fulvencito a punto de tener su primer partido, los pelos revueltos por el viento y con la cara típica de un chico con botines nuevos.
Las nubes negras de la mañana desaparecieron, dándole lugar a un sol radiante que iluminó a toda la ansiosa gente del barrio que esperaba rodeando toda la cancha. Nadie quería perderse el partido.
Fue entonces cuando el pibe se miró los botines, miró para los costados, y con una sonrisa movió la pelota para que empiece el juego.
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viernes, 28 de mayo de 2010

El primer gol de Ernestito

Era jueves por la tarde, y como todos los jueves desde hace un mes, Ernestito espera con ansiedad y alegria, poder ir a aprender y a jugar al futbol, al club del barrio.
Hace solo un mes que esta jugando y todavia no entiende mucho las reglas del juego, pero disfruta pegandole a la pelota junto a sus compañeritos. Esta empezando a sentir dentro suyo toda la pasión que genera disfrutar del deporte por primera vez en su vida.
El profe reparte las pechera verdes y naranjas porque a punto esta de empezar el partido de practica. En ese momento, su abuelo se hace presente por primera vez en el club para verlo jugar. Ernestito que lo ve a lo lejos sentado junto con su padre, se alegra de su presencia gritandole que lo mire como patea la pelota.
Ya van 10 minutos del partido, el padre y abuelo de Ernestito se distraen en una charla entre ellos dos, mientras Ernestito relojea si lo miran o no, hasta que sus compañeritos le reclaman airadamente que dejo pasar la pelota dos veces por adelante suyo, por distraído.
Luego de un rato de charla, y segundos despues de un silencio entre ambos, casi en simultaneo, padre y abuelo de Ernestito miran hacia la cancha para ver como venia el partido y justo lo ven. Ernestito roba la pelota en mitad de cancha y la patea para adelante entre tres jugadores de pecheras naranjas y verdes, sigue corriendo y pasa por el costado de otro jugador contrario y cuando el arquerito esta por salir a su encuentro Ernestito “pillo”, se tira hacia adelante para llegar antes a la pelota y terminar su jugada con un golazo. La emoción se apodero del chiquito que salio gritando su gol desaforado haciendo una vuelta olimpica a la canchita de “baby futbol”, mientras sus compañeritos lo seguian por toda la cancha. Su abuelo y su padre aplaudían y gritaban su nombre emocionados y divertidos por el enorme festejo de Ernestito, que seguia gritando y corriendo como loco alrededor de la cancha.
No importaba ni iba a importar, por mas que el profe y algunos de sus compañeritos le intentaran explicar mientras lo seguian, que era para el otro arco que el tenía que patear. Nada ni nadie, le iban a quitar la emoción inmensa de su primer gol. Asi que Ernestito miro a su Papa y a su Abuelo, y los saludo palmeandose el pecho y diciendoles a lo lejos
-“hice el gol yo…”

AUTOR: elEdu Leer más...

lunes, 24 de mayo de 2010

Con los cordones…

Como las clases ya habían terminado, no hizo falta la nota que sábado tras sábado mi viejo ó vieja en su defecto redactaba y firmaba. La misma debía señalar mi comportamiento semanal, en lo familiar pero especialmente en el escolar, que me autorizara a jugar a la pelota.
El campeonato también había terminado pero sin campeón en el torneo general de clubes. Los días sábados se jugaban cinco partidos, uno por cada categoría, cada una de estas no solo aportarían puntos para su propio campeonato, sino que también lo harían para el torneo general de clubes. Cada triunfo sumaba dos puntos, de manera que una jornada ideal consistía en cinco triunfos y la cosecha de diez puntos para la tabla general del club.
Al finalizar el campeonato “Juventud” (el club que yo defendía) terminó igualando en la cantidad de puntos con “26 de Septiembre”. Esto obligó a un desempate en cancha neutral que consistía en jugar un partido las cinco categorías y el que más puntos obtenía se consagraba campeón.
Lo curioso de la finalísima era que mientras en “Juventud” teníamos tres categorías campeonas (la 77´, la 78´ y la 80´), “26 de Septiembre” era el subcampeón de esas mismas categorías. De manera que nosotros, los de la 79´ y los más chicos de la 81´, éramos una especie de pronóstico reservado o más bien inestable. A nuestra ya mediocre campaña por la mitad de tabla, se le sumaba la pérdida de nuestro mejor jugador. El cabezón Javier no jugaría por estar haciéndolo con Ferro en el fútbol 11, y yo sería el elegido por el técnico Pato para reemplazarlo en la defensa.
El inicio de la temporada me había mostrado como delantero. Mi escasez de gol me había relegado al banco y a partir de allí me convertí en volante central ó defensor. Hasta fuí al arco cuando se lesionó nuestro arquero, la idea primaria era jugar sin importar donde. Pero ese día jugaría de marcador de punta.

Puse mucha ruda en mis botines, me los calcé y fui para el club. De allí saldría el mismo interno numero veinte de la línea 670 de todos los sábados visitantes y nos llevaría a la Sociedad de Fomento “Suárez Sur” en villa Lanzone. En la improvisada tribuna visitante nos alojamos todos (jugadores, dirigentes, técnicos, padres y madres). Como nunca algunos padres habían conseguido prestados dos bombos y tres redoblantes de la murga del barrio, nos encargaríamos entre todos de hacernos oír.

Tanto la 77´ como la 78´ disputaron partidos reñidos y con muchos goles, dos triunfos de “Juventud” que ponían en manos de nuestro partido el campeonato. Atrás había quedado la especulación de algunos padres y dirigentes. En la semana se escuchó la idea de jugar el partido de la categoría 79 con el equipo de la ´80 campeona. Liquidar la cuestión en el tercer partido y no dejar crecer nada de esperanza en “26 Septiembre”.

Casi no recuerdo la charla técnica de Pato, en resumen decía que teníamos que ganar para demostrarle a todo el club que éramos capaces de lograr dar la vuelta.

El partido fue más bien feo, sobretodo para nosotros que no paraban de cascotearnos el arco. El paragua Aquino la rompió, sacó y sacó, después de cada atajada gritaba y nos daba aliento. Así y todo, estuvimos arriba por un gol en dos oportunidades. Un puntinazo del loco Mauro en el primer tiempo nos puso arriba por unos diez minutos. Ya promediando el segundo tiempo, a un rechazo mío del fondo, Marcelo le dio de media vuelta en el borde del área. Esta vez tardaron menos en empatarnos, al mover del medio un fuerte derechazo del ocho de “26 de Septiembre” llego a donde las manos del paragua no.
El final se aproximaba y nosotros aguantando un empate que dejaba en manos de la 80´ la posibilidad de consagrar al club campeón. A la salida de un corner, Fideo entretuvo con la zurda un rato la pelota. Un fornido número tres contrario trabó tobillo; pelota y zurda, la pelota quedó boyando y yo que pasaba por ahí le pegué fuerte con los cordones. Mientras miraba como se inflaba la red, sentí como ese mismo número tres llegaba a mi rodilla derecha y la hacía explotar. Me quedé sentado gritando y llorando, no sabía si de dolor o de emoción. Mi mirada lo primero que encontró fue a aquel grupo que especulaba con que jugara la categoría ´80 y les grité como nunca había gritado un gol.
Cuando Lecherita vendaba mi rodilla con una bolsa de hielo, escuché como el árbitro pitó y marcó el centro del campo. Di mi primera vuelta olímpica en hombros del papá de Arielito de la 81´, en la rodilla derecha me colgaba una bolsa de hielo y en mis mejillas las primeras lágrimas de emoción que recuerde haber derramado.

Autor: Calito Leer más...

viernes, 21 de mayo de 2010

Aguanten los Pibes


Sin que nadie lo advirtiera, el pitazo final del árbitro Laverni, que consagró campeón a Argentinos Juniors, marcó también el cierre del primer gran torneo de Papi- fútbol en la República Argentina.
El fenómeno permaneció oculto bajo un nombre de fantasía: “Torneo Iveco del Bicentenario-Clausura 2010”. Pero la contundencia de los datos es tal, que la ficción no puede sostenerse:
El jugador emblemático y decisivo; el único verdaderamente irremplazable del equipo ganador fue José Luís Calderón, próximo a cumplir 40 años. Increíble pero real, un minuto antes de comenzar el campeonato, Caldera acomodaba su vida a una situación de retiro cuando el DT Borghi lo tentó a jugar un alargue.
La figura emblemática y decisiva; el único verdaderamente irremplazable del equipo que dio batalla hasta el final y quedó ahí nomás, a un punto de la gloria, fue Juan Sebastián Verón, de 35 años. La Brujita se dispone a dar las hurras después del Mundial y relanzar su carrera como dirigente para presidir a Estudiantes de la Plata, primero, y la AFA después. Cuando Verón se fue expulsado en la penúltima fecha, el Pincha no supo cómo ganarle, de local, a un club que reza para no descender. Y en esa impotencia se le escurrió el campeonato.
Ni hablar de los clubes "grandes".
Si Boca, que arrastra la paradoja de llamarse “Juniors”, no terminó en el fondo de la tabla fue porque su larga noche se iluminó con los destellos intermitentes de Juan Román Riquelme, quien el 24 de junio cumple 32 años. Y con los goles de Martín Palermo, que en noviembre soplará 37 velitas. Como una señal de los tiempos que corren, hasta el inicio de la última fecha Palermo lideraba la tabla general de goleadores.
En River, para que Ángel Cappa encienda alguna tenue ilusión a futuro, tuvieron que devolverle la camiseta número 10 a Ariel Ortega, un año menor que Palermo. A los 36, el Burrito había sido casi descartado por su problema de adicción al alcohol y las inevitables consecuencias sobre su preparación física. El otro que sostuvo la bandera en el pobre millonario fue Matías Almeyda, quien no solo orilla los 37 años, sino que había pasado los últimos cuatro sometido a los flexibles rigores del showbol.
La misma preponderancia puede adjudicarse a Rolando Schiavi (37) en Newells; el Bichi Fuertes (en diciembre festeja 38) en Colón, y siguen las firmas.
Entiéndase bien: el problema no está en su presencia, sino en lo insoportable de su ausencia.
Ya no se trata de aquello tan antiguo como el fútbol de contar con un par de tipos experimentados que dan amalgama a un equipo y, cuando se necesita, van en apoyo de los pibes. Se trata de que no hay quien los reemplace.
El fútbol criollito padece eso que la ciencia demográfica denomina envejecimiento poblacional.
Como diría Sabina, nos sobran los motivos. El más evidente es la sangría constante, el destete cada vez más precoz de los que tienen destino de cracks, aves de paso del fútbol argentino (y a veces ni eso) que anidan en las zonas cálidas del euro, la libra, el dólar, el petrodólar y hasta el rublo ruso.
El menos notorio es la abundancia de estrellas fugaces, pibes de buen pie que a cinco minutos del debut ya son cotizados en millones y en un par de meses ya miran el partido sentados otra vez junto al DT (Pablo Mouche, Jara, Patito Rodríguez, por citar unos pocos), cuando no vuelven a las inferiores (Eric Lámela). Pibes que en algunos casos no dan la talla y que en otros son victimas de las urgencias del negocio (dirigentes, representantes, periodistas) que no les concede el tiempo de maduración suficiente.
Y entonces Argentina, el semillero del mundo, convertido en un reino de imprescindibles veteranos que acarician la jubilación. Indemnes todos al inapelable paso del tiempo que en otras latitudes, este mismo año, llevó al banco de suplentes al histórico Raúl en el Real Madrid, a Tierry Henry en el Barcelona, a Paul Scholes en el Manchester United.
Pero esta es sólo la mitad vacía del vaso.
La otra mitad se llena con la celebración del talento que perdura; de los ídolos inigualables, por lo que juegan y por lo que encienden en los corazones del hincha. La permanencia de una vieja guardia que todavía vive y siente el fútbol como una pasión de tiempo completo, que analiza a los rivales, que no se pierde partido por tevé, a diferencia de la generación playstation que mientras Inter y Barsa disputan la semifinal europea tiene los dedos pegados al joystick o prefiere fisgonear a la botinera de turno en el programa de Jorge Rial o en el de Viviana Canosa.
“Viejos jugadores para ver y gozar”, se podría añadir irrespetuosamente, cuatro siglos después, a la lista de Francis Bacon, aquella que recomendaba: “vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar y viejos autores para leer”.

AUTOR: Guillermo Alfieri (Gracias Javier R. por mandarlo)
http://rambletamble.blogspot.com/2010/05/aguanten-los-pibes.html
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miércoles, 19 de mayo de 2010

Y vos…de que lado estas, chabón?


Nuestra sociedad se caracterizó desde sus inicios por las dualidades…unitarios o federales; más acá en el tiempo radicales o peronistas; boca o river, del lado de la fuerza o del lado oscuro? La lista es larga y podríamos seguir eternamente.
En materia futbolística logramos 2 campeonatos del mundo con la mayor, con excelentes jugadores ambas pero con propuestas muy distintas y como no podía ser de otra manera cada una tiene su hinchada. Por ende sos “menotista” o sos “bilardista”; Sos “lírico” o sos “resultadista”.
Siempre trato de evitar caer en la tentación de discutir en este aspecto pero tengo que reconocer que escuchar o leer ciertas apreciaciones; hacen necesario que éste uno de los 40 millones de técnicos que tiene Argentina exprese su opinión. Porque si hay algo que sobra en este país son técnicos! Será por eso que se los echa tan fácilmente? Esta pregunta la dejaremos para otro análisis.
Volviendo al tema planteado… de que lado estás chabón? Del jogo bonito o el cattenaccio? Porque hasta el marketing pudo observar esta realidad que se plantea en nuestra patria futbolera, que hizo una publicidad en ese sentido, la recuerdan allá por el 2002?
Hace poco tiempo se dirimió un torneo doméstico entre dos equipos, uno pregonaba el tiki-tiki y el otro era el más sólido y efectivo de ese torneo, y cumplían perfectamente por sus realidades la pelea del pobre vs el rico. El resultado? Cattenaccio 1 – jogo bonito 0.
Y hay más, hace unas semanas todo el planeta pudo observar un duelo internacional de estas 2 corrientes futbolísticas bien definidas como la de Mourinho vs la de Pep Guardiola, el resultado todos lo conocen.
Podríamos hablar de injusticias, de que un método es más válido que otro y demás cuestiones. Yo tengo una posición tomada, quienes me conocen lo saben. Pero estas líneas no son para defenestrar o demonizar la teoría que no comparto, sino para argumentar “sesudamente” el porqué de mi posición y llamar a la reflexión del lector.
Para esto me tomé el atrevimiento de ir al mata burro y la Real Academia Española dice al respecto.

Fútbol o futbol.
(Del ingl. football).
1. m. Juego entre dos equipos de once jugadores cada uno, cuya finalidad es hacer entrar un balón por una portería conforme a reglas determinadas, de las que la más característica es que no puede ser tocado con las manos ni con los brazos.

Sres. ES UN JUEGO! Jugar es divertirse, pasarla bien y explotar de emoción al hacerlo. El juego es Alegría. Y como todo juego tiene una finalidad que es hacer entrar el balón por una portería, arco, dos cascotes o dos buzos hechos un bollo Y GRITAR GOOOOOOOL!!!!!
Lamentablemente (para los “otros”) no encontré en la definición de fútbol interpretación alguna que me indique términos como solidez, táctica, esquema, etc. Solidez busco en un banco, táctica se usa en las batallas y un esquema es algo fijo. POR FAVOR nada de esto está cercano a la definición de Fútbol!!!
No me vengan con que lo importante es ganar, O acaso Uds. cuando juegan el picado con sus amigos sólo quieren ganar? No quieren hacer la mejor jugada (esa de la play) que te permite desparramar rivales y lucirte mostrando ese jugador que el fútbol profesional se perdió?
Sumo a mi análisis lo que escuche decir a un gran DT “el éxito y/o el fracaso son momentos, son sensaciones finitas y efímeras en la vida de las personas” o algo así. Lo que realmente llena el espíritu es el camino recorrido para el logro del objetivo.
Entonces, no me jodan! Dejame con el juego, la alegría y esa finalidad que tanto nos gusta como lo es gritar un gol!!!
Para esquemas, tácticas y resultados está la vida y el trabajo! Aprovecho y te pregunto para ver si puedo despertar la reflexión en vos. No te gustaría que tu trabajo sea un poco más de juego, alegría y goles?
Si tu respuesta es SI, porque mierda no te dejas de joder al fútbol, salís de tu placard y me decís…
Vos, de qué lado estás chabón?


AUTOR: PIC (Henan G.) Leer más...

viernes, 14 de mayo de 2010

La locura de Yazid


Mientras viajaba hacia el estadio seguía pensando qué había pasado para que Yazid hiciera algo tan tremendo. Está bien que su hermano nunca se dejó avasallar por nadie, siempre defendió su integridad y la de su familia, pero esto que había hecho le resultaba increíble y todavía no salía de su asombro.
Mientras el taxi avanzaba, Lila recordaba su vida en la Castellané, en los suburbios de Marsella. Sus padres se instalaron allí luego de emigrar de Cabilia, una pequeña aldea de agricultores del norte de África. Para Smaill y Malika, Marsella era la oportunidad buscada. Las posibilidades de trabajo en el puerto de Marsella y el multiculturalismo de su población, les permitían pensar en que era el lugar ideal para formar su familia. Y así fue. Allí nacieron sus cinco hijos, cuatro varones y una mujer, Lila.
Allí todavía viven sus padres y los tres hermanos mayores. Ella y Yazid emigraron hace tiempo.
Mientras mira por la ventana el tráfico de Berlín, piensa que quizás Yazid haya forjado su carácter en los potreros del barrio de su infancia. En la Castellané, el fútbol como la vida, no eran asuntos para tibios. Así lo entendió Yazid, desde pibe, desde que entró a la Foresta, el equipo del barrio en el que jugaban la mayoría de los africanos del norte.
Cada vez que llegaba el domingo, la Castellané hervía en los potreros que florecían por todos lados. Cada cual defendía sus colores y su origen: Magrebíes, armenios, rusos, marroquíes, turcos, italianos, bereberes, formaban distintos equipos que se enfrentaban en partidos en los que el que arrugaba mejor que no volviera al próximo entrevero. No era fácil jugar en esos lugares. Ahí se jugaba todo: la familia, el origen, el honor, eran partidos definitivos, terminales. Los más bravos eran contra los italianos. Será porque todavía estaban frescos los recuerdos de la Segunda Guerra o porque siempre fue así, desde los tiempos de Roma y Cartago, lo cierto es que cuando se enfrentaban, el partido nunca duraba 90 minutos, siempre terminaba antes en medio de una batalla campal.
Y en esos duelos fenomenales, Yazid era el mejor. No solo era el mejor por lo que jugaba, sino porque ya desde muy chico copaba todas las paradas. Era extraordinariamente habilidoso, pero también era el primero en defender a un compañero, era el que no permitía las injusticias y mucho menos, la ofensa, la falta de respeto por sus orígenes.
Cada tanto, a la vuelta de esas contiendas homéricas, Yazid volvía lastimado y entonces encontraba el consuelo de su hermana, que lo curaba en silencio, sin reproches, cuidando que sus padres no lo vieran en ese estado y no fuera cosa que no lo dejaran volver a jugar.
Lila era su refugio, su confidente. A pesar de llevarle solo dos años, Lila sentía que Yazid la respetaba casi como a su madre. Quizás por ser la única mujer de cinco hermanos, o porque Malika debía trabajar para ayudar a Smaill, lo cierto es que Yazid era capaz de hacer cualquier cosa por su hermana.
El taxi frenó de golpe ante un semáforo y Lila volvió de sus recuerdos. Volvió a la realidad, estaba preocupada porque cuanto más lo pensaba, más le intrigaba saber que había llevado a su hermano a cometer semejante locura. El auto avanza y los recuerdos vuelven a envolverla. Recuerda y sonríe. Se ve vestida de “mujer maravilla” y Yazid disfrazado de “hombre araña”. Dos niños, apenas, dos niños pobres en los suburbios de Marsella que solo quieren jugar. Recuerda cuando, ya más grandes, les encantaba escaparse hasta el Vieux-Port y subir al faro de Santa María desde donde se entretenían mirando la entrada y salida de los barcos del puerto de Marsella. Siempre juntos, ellos dos, Lila y Yazid, inseparables.
El chofer le anuncia que están por llegar, en ese momento la radio reproduce una versión de lo sucedido con Yazid: “Materazzi insultó a su hermana, la llamó prostituta, por eso “Zizou” le dio un cabezazo que le ocasionó la expulsión”. Lila quedó estupefacta. Ahora entendía. No podía ser de otra manera. No podía ser que su hermano cometiera semejante locura, justo en la final, ante millones de personas, sino fuera porque algo muy grave le había dicho ese italiano para que Yazid reaccionara de esa forma.
El taxi llegó al Estadio Olímpico de Berlín, Lila bajó y empezó a correr esquivando a miles de personas que salían apuradas. Solo quería ver a su hermano, abrazarlo y agradecerle por lo que había hecho, por haberla defendido, por cuidar a su familia, por hacer respetar su origen, por su integridad. Sólo quería abrazarlo y consolarlo, curarle las heridas, como cuando volvía de las cruentas batallas de todos los domingos, que se sucedían, una tras otra, en aquella barriada pobre de la Castellané…

NOTA: Zinedine Zidane fue uno de los más extraordinarios jugadores de los últimos tiempos. Habilidoso, guapo, un exquisito.
Los franceses lo conocían como “Zizou” pero su familia lo llamaba Yazid, su segundo nombre.
El cabezazo que le metió a Matterazzi es otro de los hechos inexplicables que ocurren en el fútbol. De cualquier manera, Zidane fue tan grande que a pesar de lo que hizo fue consagrado como el mejor jugador del último mundial. El baile que le pegó a los Brazukas, es inolvidable. Salud, Zizou.-
video

AUTOR: R.D. Leer más...

miércoles, 12 de mayo de 2010

Recuerdos del futbol del ascenso










Lo recuerdo como si fuera hoy, esos recuerdos que se tallan en la memoria, sin motivo aparente.
Ituzaingo asciende al Nacional B en el año 1992, temporada 92/93. Después de perder con Morón a seis fechas del final, en la cancha de Morón siendo local Ituzaingo (si, esas cosas tiene el futbol argentino), partido que presencié, el Verde (con el Chulo Rivoira como técnico) tenia que sacar mas de 10 pts. de los 15 que quedaban en juego para no descender; su rival en esta cruzada, Dalmine. Para hacer esta misión una utopía Ituzaingo comenzaba su raid final con Gimnasia y Tiro en Salta, que venía 2° junto a Colón de Sta. Fe con 48 pts. a sólo tres pts. del puntero Banfield (que finalmente ascendería), mientras que el Verde estaba en el puesto 17° con sólo 37pts. Arranco perdiendo ese partido y lo dio vuelta sobre el final 3 a 2, y empecé a creer que el sueño era posible. Se concreto 4 fechas mas tarde, ya que gano 3 y empato 2, de los 5 partidos finales. Hazaña.
Después de tener este recuerdo, me preguntaba, porque se me grabaron en la memoria tantos momentos de esas campañas siguiendo al verde en el ascenso. Y no fueron tantos los partidos que lo seguí, 4 o 5 en el Nacional B y un torneo entero en Primera B. Pocos pero emotivos, duraderos y marcados a fuego.
No es fácil ir a las canchas de fútbol de ascenso, sea uno futbolista, hincha, técnico, árbitro, periodista o dirigente, en más de una ocasión debimos atravesar un descampado, bordear una villa, andar por calles de tierra mirando de reojo de dónde puede venir la agresión, viajar en trenes tenebrosos, colectivos de escasa frecuencia y recorrido; o encontrarse de repente en medio de una batalla campal entre hinchas y policías, con toda clase de proyectiles pasándonos a centímetros, hasta temperaturas extremas bajo cero o por sobre los 40°, lluvias impiadosas, soles abrasadores, vientos que se llevan todo. ¿Sigo enumerando? No es fácil…
¿Y porque tanta pasión? El partido que vamos a ver no se transmite por canales de aire, ni es mencionado en ningún lugar más que en medios de escasa repercusión.
Y eso que hoy en día por lo menos hay algunas cámaras de cable, donde conviven canchas absurdas, con hinchas mirando el pa
rtido desde afuera subidos al techo de un micro, golazos que se mezclan con goles de solteros contra casados, periodistas que gritan el gol como si estuvieran en el medio de la barra, apodos y apellidos de cuentos de Sacheri o Fontanarrosa, y algunas peleas insólitas con tipos pasados de vino o falopa contra policías pasados de postres que siguen tirando palos, aguardando refuerzos que jamás llegarán. Repito, no es fácil, solo explicable como una pasión inexplicable.

"Somos los mismos de siempre, que te alentamos adonde vas..."
El ascenso es orgullo barrial, el universo pequeño de uno que encierra la identificación del club con un barrio, nuestro lugar de pertenencia.
Añoramos y soñamos partidos, en donde las canchas están peladas, donde hay un único juego de camisetas, zapatillas en vez de botines, jugadores que viven para el fútbol y no del futbol, donde hay policía pesada, hinchas rivales que no comul
gan con el fair play tribunero, y tablones que consumieron su vida útil hace alrededor de 30 años.
Pero la "cultura del aguante", todavía guarda cierto romanticismo.
El hincha del ascenso sabe que nunca va a jugar la Copa Libertadores. Es como una vivencia de horizontes limitados pero igualmente vividos. Si la pasión del hincha del ascenso resulta aparentemente desmedida, es porque la gratuidad de su amor es más evidente. Vos sos hincha de River o Boca, y tu amor también es gratuito, porque nada de lo que ganen los jugadores de esos clubes te va a llegar, ni tampoco nada del dinero que le entren por los pases de Buonanotte o Gaitán ¿Qué te va a llegar? Ahora, cuando ni siquiera tenés esa perspectiva, ese amor es más puro y desinteresado. Un hincha de Primera no puede creer que un tipo sea de Merlo, Morón, de Ituzaingó, de Midland, de Liniers o de Temperley. En ese sentido, es un amor de otra dimensión.
¿Cómo hace un chico, algún futbolero de alma, para encariñarse exclusivamente con un cuadro de la cuarta o la quinta categoría del fútbol argentino? Porque salvando a los chicos de las inferiores, a las familias de los jugadores, a los directivos y
sus entornos, a aquellos vecinos de siempre, se hace casi imposible amar únicamente a un equipo chico, pero muy chico. Lo mejor que puede pasar es que haya cariño por uno y amor por un poderoso, alguno que le permita al hincha sentirse importante, pertenecer a alguna gesta ganadora.
Es así señores, no es fácil el futbol de ascenso, solo explicable como una pasión inexplicable.

YAPITA
“El loco Dubois”
Darío Dubois se crió en Villegas, a orillas de la avenida Crovara. Comenzó su carrera futbolística como marcador central en Yupanqui, allá por 1994. Luego pasó por Lugano, Laferrere, Midland, Victoriano Arenas, Deportivo Riestra y Cañuelas. A D
ubois se lo conoce más por sus hazañas rebeldes que por sus logros deportivos.
"Una vez jugando para Midland enfrentábamos a Excursionistas en el Bajo Belgrano. En la segunda falta que hago el árbitro Juan Carlos Moreno me saca la segunda amarilla y cuando me saca la roja se la caen 500 pesos del bolsillo; me zambullí al suelo, agarré la guita y me fui corriendo. Me seguían todos: el árbitro, los jugadores, cuerpo técnico, se armó un quilombo que ni te cuento. Adentro de la manga, rodeado, le dije al juez: ’Este es el premio que vos me sacas por echarme, hijo de puta’. Al final se lo terminé devolviendo porque sino me daban veinte fechas".

Algunos pocos fragmentos (o disparadores) son de Revista Sudestada, nota de Marcelo Massarino, Walter Marini.
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martes, 11 de mayo de 2010

Domingos de lluvia...

Anochece y llovizna en las calles que transita Mariano. Nada más apropiado para este triste día, piensa, mientras pisa una baldosa floja que le moja los tobillos, en la primer cuadra que va a recorrer de las doce que lo separan de su destino. Hoy es un día clave en su vida, un día triste, lleno de reflexión y de nerviosismo. Hoy le va a decir o mejor dicho, va a tratar de decirle a Noelia, que lo suyo tiene que terminar, que su amor no va más. Hace varios días que Noelia lo nota extraño, que no es el mismo y ante la obvia pregunta sobre qué es lo que le pasa, Mariano repite casi automáticamente:
-Nada, estoy cansado, viste, mucho laburo.
Pero Noelia, como toda mujer, sabe que las cosas no andan bien, ya casi ni se ven y cada día lo siente mas y mas lejos.
Esta mañana, al igual que las últimas mañanas de cada día de esta semana, Mariano piensa:
-Este es el día…, pero luego, las horas pasan y lo acobardan hasta hacerlo retroceder sobre su decisión y pierde convicción. Pero esta mañana es distinta, es domingo, llueve, y sabe que los domingos ella va a estar más protegida en su futuro sufrimiento, ya que su familia está en su casa y tendrá un lugar donde refugiarse, brazos donde llorar. ¿Llorar?, se pregunta:
-¿Se pondrá mal? Esta piba capaz que no se anima a decirme lo que yo ya tengo decidido hablarle, que guacha! -piensa- Total el que queda como el malo de la película soy yo. Seguro ya no siente nada por mí y para ahorrarse el trámite deja que yo la corte, no le voy a dar el gusto, no le digo nada y listo. ..al final lo único que voy a extrañar de todo esto es a Ezequiel, el hermano, que ataja como los mejores y ahora no lo voy a poder llamar para jugar el fulbito de los sabados.
Llega a una esquina mira a ambos lados de la calle y enseguida se molesta por lo que acaba de pensar:
-¡Que gil que soy!.., se arrepiente, Noelia todavía me mira con esos ojos que penetran el corazón, embelesada por algo que no soy. Igual, hace rato, los ratos juntos ya no son lo mismo, hoy es el día, -se da fuerza-.
Recorrida la cuarta cuadra de las doce que separan su casa de la de Noelia, la lluvia se empieza a hacer mas tupida y vocifera:
-¡¡Esta bien me lo merezco!!, merezco Dios que me castigues con esta lluvia, es mas tendrías que ahogarme Dios, no puedo creer que la vaya a dejar!...
Con dos saltos, se refugia en el toldo del kiosco donde le compraba a Noelia esos caramelos que tanto le gustaban, con tal de que no fume. Si, religiosamente paraba cuando iba a la casa de ella para comprar esos caramelos ácidos que hacían que Noelia dejara de lado el cigarrillo cuando estaba con él.
Tras 5 minutos de copiosa lluvia, esta empieza a aminorarse y Mariano sale del toldo y empieza a recorrer ahora, la septima cuadra, de las doce que lo separan de la casa de Noelia,
-Tendría que haber venido en auto, lluvia de mierda, pero bueh, esta bien, tenía que despejarme la cabeza antes de verla, y caminar es lo mejor...
Mariano empieza a imaginar cuales serán las palabras perfectas para terminar esta relación…, -terminar esta relación, repite…
Inmediatamente reflexiona para sí mismo: -eso significa que no la voy a ver más, que no la voy a tocar, ni besar mas, que no la veo más... Tendría que pedirle un tiempo, no estoy del todo seguro de lo que siento, si mejor le pido un tiempo, aunque conociendo a la gallega me va a mandar a cagar, para ella es todo blanco o negro, ese es el problema de Noe, blanco o negro, con razón nos llevamos mal. Eso lo heredo del bruto del viejo, gallego cuadrado, todo blanco o todo negro, al final si no fuera por el viejo que tiene, estaríamos mejor nosotros.
Faltando dos cuadras de las doce finales, Mariano realmente no tiene todavía claro cuales seran sus palabras y sus argumentos para enfrentar a Noelia.
-Que carajo digo? Reitera a cada instante en cada paso.
Quizá si digo: -No sos vos soy yo, la “remo”. Listo, eso resume todo. Pero no, que estoy diciendo?, eso lo escuche en una película anoche y es una pelotudez, ahí si que me encaja una trompada y con razón. Me parece que lo del tiempo es mejor, más manejable, aunque después tengo que verla de vuelta ahí sí para terminarla, es como alargar el trámite al pedo. Ya sé, le digo que estoy en una etapa de la vida en donde me tengo que replantear muchas cosas y que no quiero estar atado a ninguna relación estable, si, ahí va, creo que eso va bien. No es muy creíble igual, hace tres años que salimos juntos, que dificil es esto!...
Casi sin quererlo Mariano está parado debajo del porche de Noelia hace unos minutos hablando consigo mismo, cuando ve como gira el picaporte de la puerta y la voz de Noelia pregunta:
-Amor, que haces mojándote ahí afuera?.
Mariano la mira y extrañamente se le viene a la cabeza imágenes de estos tres años juntos, innumerables flashes de los momentos junto a Noelia recorren su mente. La mira a los ojos, esos ojos que penetran el corazón de quien mira y la ve más linda que nunca. Noelia al ver a su novio en otro mundo, con la mirada perdida le pregunta asustada:
-¿Mariano, pasó algo?.
Y Mariano que había planificado y pensado de mil maneras este momento, la mira a los ojos y le dice:
-Nada importante. Solo vine a decirte que te amo y cuanto te extraño estos Domingos de lluvia…

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domingo, 9 de mayo de 2010

Los Mundiales son un parto

Los argentinos en épocas de mundial de fútbol, que podríamos situar entre los meses de junio y julio de cada 4 años, vivimos una pasión poco comparable a otras en nuestras vidas. Hasta las mujeres se entusiasman y comentan los pormenores de los partidos y casi ni protestan cuando el sector masculino monopoliza el uso del televisor.

Pero, más allá de la frase periodística “durante el mundial se paraliza todo”, la vida continua su curso, la gente sigue alimentándose, se enferma, se casa, tiene hijos. Aunque hay que reconocer que todo se hace respirando una “atmósfera mundialista”.

Hecha esta aclaración, quiero contar que los nacimientos de mis hijos estuvieron ligados fuertemente a ese ambiente de los mundiales.

En 1978 Argentina ganó el torneo de local y de la mano de Mario Kempes. Uno de los mejores jugadores juveniles no estuvo incluido entre “los 23”, era Diego Maradona. ¿Por qué?, habría que preguntarle a Menotti. Para festejar la obtención del máximo galardón mundial, al cumplirse un año de la hazaña, el 25 de junio de 1979 se realizó un partido en el estadio de River entre la selección argentina y el “resto del mundo”. Como la figura de Maradona ya era muy importante, situación que se confirmaría meses después siendo la figura del mundial juvenil que ganó Argentina en Japón, Menotti, esta vez sí lo incluyó en la selección mayor para ese partido.

¿Qué tiene que ver esto con los partos? Bueno, a mi hija María Laura no se le ocurre mejor idea que la de nacer el mismo día y a la misma hora del partido. Y yo en lugar de ver a la selección, se me ocurre presenciar el parto. Cuando los pujos arreciaban y casi en el mismo momento en que la niña asomaba su cabecita sentimos un estruendo que venía de la calle: gol de Diego: un golazo que después veo por la tele, una pelota con comba de izquierda a derecha, o de derecha a izquierda según se lo mire (nunca entendí este tipo de comentario) del arco de Zoff (arquero del equipo del resto del mundo), inatajable. Después perdimos 2 a 1, pero el Diego se había consagrado entre los grandes.

En 1982 Italia ganó el mundial de la mano de Paolo Rossi. Esta vez si, Diego Maradona estuvo entre “los 23”, también bajo la conducción de Menotti. Aunque ya deslumbraba en Barcelona, no lo hacía con el fulgor que lo convertiría en el mejor del mundo en el Nápoli. Argentina perdió 2 a 1 con Italia y 3 a 1 con Brasil. Maradona produjo una modesta actuación en el mundial e incluso fue expulsado por juego brusco en el último partido (le metió un tremendo planchazo a un brasuca). Pero el 5 de julio se jugó el mejor partido del mundial y lo digo porque lo vi: Italia 3 (tres goles de Rossi, el último faltando 1 minuto para finalizar el partido), Brasil 2 (Sócrates y Zico).

¿Qué tiene que ver esto con los partos? Bueno, a mi hijo Juan Ignacio no se le ocurre mejor idea que la de nacer el mismo día y casi a la misma hora del partido (1 hora exactamente después de la finalización). Y yo, viendo el partido cuando debería haber comenzado los preparativos para el ingreso a la sala de partos a presenciar el nacimiento de mi primer y único hijo varón. Lo paso en limpio: Celia estaba internada desde la mañana del 5 de julio pero no pasaba nada. Al mediodía, hora del partido y ante la tranquilidad de la situación parteril, y con la correspondiente autorización de la parturienta, me retiro a mi hogar, distante 10 minutos del establecimiento sanitario, con la promesa de volver a más tardar a las 2 horas (duración aproximada del encuentro señalado). El partido no fue un partido, fue un partidazo y por suerte Paolo Rossi embocó el gol faltando un minuto, porque sino iban al alargue y sinceramente no se si me lo hubiera perdido. Llegué de vuelta a la clínica y en la habitación ya no había nadie, subí rápidamente a la sala de partos. Argumenté ante la partera que estaba prevista mi presencia en el acontecimiento, pero me retrucó que hasta que llegara el médico no podía entrar. Desde la puerta y sin que el tordo diera señales de vida, seguro que estaba viendo el partido, se escucho el llanto inconfundible de un bebé, mi hijo, que como tres años antes, estuvo ligado directamente a “mi” historia de los mundiales.

AUTOR: Jorge V. (El Alquimista)
Gracias Refutador por el aporte Leer más...

viernes, 7 de mayo de 2010

Que publicidad!..

Nuevamente, esta vez en forma conjunta, vaya el agradecimiento a la Revista Un Caño, que publico un e-mail en su sección de "correo de lectores", donde le comentamos el nacimiento de este nuevo proyecto, Mano Inquieta Blog.

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jueves, 6 de mayo de 2010

Una decisión dificil



Desde que lo nombraron, Matías sabía que en pocos minutos tenía que tomar una de las decisiones más difíciles de su vida. En sus casi 23 años, ya había pasado varias veces por estos momentos cruciales y definitivos.
Así pasaba, cada tanto, desde que era pibe. A los 8 años, después de haberse sentado durante cuatro años con Carlos Landaburu, desde la salita celeste del jardín de la vuelta de su casa, tuvo que decidir entre su viejo amigo o Leti Gonzalez, la vecinita nueva que le había pedido sentarse con él porque no conocía a ninguno de los otros chicos. O como a los 14 años, cuando sus viejos se mudaron de barrio, tuvo que decidir si seguía jugando a la pelota en el viejo Club del Ferroviario o se anotaba para empezar a jugar en ese otro que le quedaba mas cerca de su casa y que participaba en las ligas mas importantes de la zona.
Nunca es facil tomar decisiones. Ese momento, en que uno está solo con sus pensamientos y nadie puede ayudarnos, debe ser uno de los instantes más dramáticos en la vida de las personas. Matías sabia que lo que tenía que hacer en pocos minutos , era de su exclusiva responsabilidad, nadie podía aconsejarlo ni decidir por él. Es dificil meterse en las decisiones de otro, sobre todo porque un mal consejo o una indicación incorrecta nos deja con la sensación de que si uno hubiera decidido solo, seguramente hubiera acertado.
Lo mismo le pasó cuando tuvo que decidir si seguía estudiando o se dedicaba al fútbol. Sus viejos ya se lo habían dicho: "es tu decisión, ya tenés 19 años y sos un muchacho grande, vos decidís".
Otra vez la maldita encrucijada, otra vez uno y sus circunstancias, otra vez la soledad ante los senderos que se bifurcan. Por donde tomar? Por cuál camino decidirnos?
Con su novia le pasó lo mismo. Todo iba bárbaro, hacía un año que estaba saliendo, de a poco se iban conociendo, él estaba tranquilo con esa vida recómoda, de la casa de Sole a su casa, con su vieja esperando con la comida caliente, el cuarto para él solo, la cama siempre tendida.
Pero de vuelta el destino lo ponía ante otra decisión crucial. Desde el día que Sole le dijo que estaba embarazada y que tenían que decidir que iban a hacer, Matías no pudo dormir pensando en que decisión tomar. Que hacer? Casarse o nó? Afrontar la situación o esconderse bajo la cama? Dejar el fútbol y trabajar más horas para mantener a su futura familia? Qué hacer ?. Esta vez las decisiones eran mas tremendas y las consecuencias también más importantes.
Y ahora, justo en la final por el ascenso, con todos sus compañeros abrazados que lo miran esperanzados y los hinchas mordiéndose detrás del alambrado.
Justo el último penal, el que cierra la serie, con ellos uno abajo porque erraron el tercero que patearon y sus compañeros acertaron todos. Otra vez ante una decisión crucial, definitiva, solitaria: ¡Má sí! Ya está ! Yo le pego fuerte a la derecha del arquero...

AUTOR: R.D. Leer más...

miércoles, 5 de mayo de 2010

La despedida de un Ángel


Hará como dos semanas me tome el tiempo para dedicarme al arreglo de la puerta de la habitación de Guadalupe. Resultaba importantísimo para el sueño suyo, de su mama y el mío, que dicha puerta no realizase el más mínimo chillido y que cerrase perfectamente. Lubrique las bisagras, nivele su posición con respecto al piso, aseguré el picaporte y por ultimo eliminé resto del zócalo de madera que no permitía el cierre total de la puerta. No existe una puerta que cierre mejor en toda la casa, casi perfecta. Hecha la aclaración en forma de introducción, paso a contar lo sucedido.

Guada con sus ocho meses recién cumpliditos poco supo entender que sus papis estuvieron toda la noche sin dormir despidiendo al abuelo Rene. La cuestión fue que hubo que turnarse para dormir, su madre muy gentilmente me dio prioridad así que desde la una de la tarde hasta las cinco dormí. Soñé mucho y no recordé nada, después de mi siesta invertimos roles con Leti.

No prendí el celular que había apagado cuando llegamos a casa después del sepelio, también resolví no atender el teléfono de línea. La idea fue dejar que la pulga me llevase a donde ella disponga, los dos relajados tirados en el sillón, jugando y riendo. Un pasaje a otra dimensión, escapando juntos de lo triste que resultaba por esas horas nuestras vidas. La noche llego y la cena también.

Para las diez de la noche la casa entera se estaba apagando. Saque la basura como todas las noches, Guada dormía en su habitación y Leti miraba televisión en la cama. Cuando regresé al living sentí como la puerta de la habitación de la pulgui se abrió, entendí que se había despertado y Leti había ingresado a intentar volver a dormirla. Le reste importancia y continúe con las tareas para poder por fin ir a descansar.

Ya en la cocina, es Leti que viene a mi con una expresión que no supe percibir que estaba diciendo. Le pregunté si Guadalupe se había despertado, ella contesto que no. La siguiente pregunta que le hice fue para que entonces había ingresado a la habitación de la nena. Su respuesta fue que ella no había sido, Guada dormía como un ángel. Tan ángel como aquel otro que había ingresado a verla dormir.

Al día siguiente me entere de que en la casa de mis viejos (más o menos en el mismo horario) estaban reunidos mi mama con sus hermanas y hermanos, mis hermanas con mis cuñados y mis sobrinas. No habían podido comunicarse conmigo para invitarnos a pasar un rato juntos.

Algo me hace pensar que ese ángel también los estuvo visitando, que alguna señal les habrá dejado. Gracias por esta despedida y como vos siempre decías “…pobre el que se va, los que se quedan se arreglan…”. Te voy a extrañar viejo.

Autor: Calito Leer más...

De Humanos y Dioses

Con esta nota vamos a inagurar algo parecido a "El villano invitado" de la Revista Un Caño o "El contra" de diario Ole. El nuestro va a ser "El Patán Inquieto". Inagurando esta sección polemica, Rauli V.:

Pasó en Avellaneda un domingo 3 de mayo. Un casi terminado estadio de fútbol llamado “Libertadores de América” recibía la visita de Boca Juniors que paradójicamente, es el club que destronó al dueño de casa, Independiente, del titulo que por años ostentó frente a los clubes de todo el planeta, ser el REY DE COPAS.
Allí estaban los dos equipos en la cancha, quizás para dirimir ese desafió histórico.
>Unos venían con la ilusión, con la motivación y el entusiasmo de disputar la punta del campeonato. No se podían dar el lujo de perder un solo punto, además jugaban en su cancha, en su casa, con su gente, teniendo la seguridad que los puntos obtenidos hasta ese momento, ya le aseguraban un lugar para disputas “las copas” que desde hace mucho tiempo no disputaban.
No podían perder, era su seguridad en lo mas intimo. Su convicción les había hecho hacer apuestas a los mas desprendidos y a los otros, los mas agarrados, seguramente les había hecho imaginar las gastadas a los otros, los bosteros. Tal vez el Lunes lo imaginaban como el día ideal, con una entrada triunfal, muy temprana a su trabajo, originando miradas llenas de bronca, cabezas agachadas por la impotencia, frases descarnadas buscando explicación.
Soñaron con no dormir, repitiendo una y otra vez hasta el cansancio el festejo de los goles y las imágenes de una masacre de furia roja traducida en fútbol, exquisitez, bravura, demostrando que aunque “falten copas” el verdadero señor, el verdadero REY, estaba parado allí, con su camiseta roja, llena de transpiración y de historia.
Los otros, la visita, llegaban con mucho menos equipaje. Su posición en el campeonato era la peor en muchos años. Estaban muy lejos de clasificar a las copas y el mundillo de los vestuarios ocupaba mucha mas prensa que su producción futbolística. Técnico prácticamente nuevo, jugadores de los que se hablaba disputaban una interna, valla más vencida en el campeonato…
Esos jugadores, ese equipo solo tenia algunas pocas cosas a las que recurrir. Una de ella es que parte de su plantel se había dado el gusto de ganar “todo”, pero todo de verdad, dando la vuelta y festejando títulos en las canchas mas lejanas.
Otras de las cosas a las que podían recurrir eran a su historia, la de BOCA, que es tan lejana como próxima en el tiempo. También alguna genialidad de ROMAN, la eficacia de PALERMO, pero hasta eso en el mercado futbolístico venia cotizando en baja.
Así llegaban los dos equipos al partido, la tribuna local ya descontando la victoria colgaron carteles de todo tipo contra la visita, tratando de que no solamente se le gane, sino que se lo humille, que se lo destroce, que se lo flagele como a esos gladiadores que entretenían al Imperio, siendo victimas de las fieras mas temibles, con unas pocas armas para defenderse.
Así fue que el estadio, convertido en un verdadero coliseo , por su furia mas que por su ambiente, se le pedía al ahora emperador “GALLEGO” que baje su pulgar ante los once. Que les imponga los desafíos más implacables, sus bestias mas atroces, el exterminio mas sangriento.
Un perrito que se escapó de la multitud confundido, entró a la arena y fue tomado como excusa por los impiadosos, que comenzaron a corearlo con el nombre de PALERMO.
Ellos no sabían el poder de esas palabras, quizás por no ser instruidos en la historia es que no sabían que hay un Dios, optimista eterno del gol, que en días de batalla se agranda como un solo ejercito, capaz de hacer cosas que ningún mortal haya realizado.
Y gritaron también pecho frío a ROMAN que sabe de estas cosas y resucita como el Ave Fénix, y su vuelo majestuoso no conoce altura limite, ni rival invencible.
Allí estaban los dos equipos, unos, las fieras sedientas de sangres, Otros, los veteranos gladiadores venidos de interminables batallas.
¿El resultado?
El resultado fue otro capricho de los Dioses que confabularon en los cielos una sucesión de hechos que pasaron a conformar la mitología del fútbol.
El Dios RIQUELME desplegó toda su magia. El Dios PALERMO sentenció el destino de esas fieras impiadosas y dejo muda a la multitud que en algún momento osó mofarse.
Gano Boca y Gallego quedó con sus manos vacías de ilusión y de palabras que puedan explicar tanta vergüenza. El estadio se congeló de hinchas y carteles y hasta los árboles lloraron marchitos de alegría, hasta que el domingo se fue desvaneciendo gris, como si fuese un tango.
Fue 2 a 3 decían las radios y la tele. Boca ganó y no es puntero, ni clasificó para ninguna copa, ni le sirve siquiera para salvar el año pero, que felices y orgullosa hizo sentir a la mitad más uno, tal vez por recordar que a pesar de todo, sigue encendida la llama que lo acompañó en otras batallas mas colosas e importantes.
Como una historia más , podrá decirse que el vecindario aquel quedó perplejo cuando decenas de perras aullaban desgarradas, por la violencia de un CAN…un tal “PALERMO".


AUTOR: Raúl Vallejos (Rauli)
Gracias por el aporte Leer más...

lunes, 3 de mayo de 2010

El partido de la muerte

A pedido de mi amigo de primaria Diego, al cual encontré estos días en el “CaraLibro”, con el cual nos turnábamos el honor de ser elegidos “mejores compañeros” y de ocupar el primer lugar de la fila, voy a contar a continuación lo que fue “El partido de la muerte”, historia que pocos conocen.
En tiempos donde cualquier boludo dice que tiene miedo y usa palabras irresponsables como dictadura y nazismo, vaya el homenaje a aquellos Ucranianos que perdieron su vida por defender su honor.
El Partido de la Muerte fue un partido no oficial de fútbol en el que participó un conjunto de prisioneros de guerra ucranianos, organizados como un equipo profesional llamado Dinamo Kiev, y soldados de la Wehrmacht. Wehrmacht es el nombre que recibieron las fuerzas armadas alemanas, surgidas en 1935 tras la disolución de la Reichswehr (antiguo nombre de las fuerzas armadas alemanas) por el régimen Nazi.
Los jugadores ucranianos derrotaron a los alemanes, a pesar de conocer las consecuencias que esto traería. Muchos de los jugadores ucranianos fueron arrestados y llevados a campos de concentración, donde posteriormente murieron varios de ellos.

Todo comenzó el 19 de septiembre de 1941, cuando la ciudad de Kiev (capital ucraniana) fue ocupada por el ejército nazi, y los hombres de Hitler desplegaron un régimen de castigo impiadoso y arrasaron con todo. La ciudad se convirtió en un infierno controlado por los nazis, y durante los meses siguientes llegaron cientos de prisioneros de guerra, a los que no se permitía trabajar ni vivir en casas, por lo que todos vagaban por las calles, en la más absoluta indigencia. Entre aquellos soldados enfermos y desnutridos, estaba Nikolai Trusevich, quien había sido arquero del Dinamo de Kiev.
Josef Kordik, un panadero alemán a quien los nazis no perseguían, precisamente por su origen, era hincha fanático del Dinamo. Un día caminaba por la calle cuando, sorprendido, miró a un pordiosero y de inmediato se dio cuenta de que era su ídolo: el gigante Trusevich.
Aunque era ilegal, mediante artimañas, el comerciante alemán engaño a los nazis y contrato al arquero para que trabajara en su panadería. Su afán por ayudarlo fue valorado por el arquero, que agradecía la posibilidad de alimentarse y dormir bajo un techo. Al mismo tiempo, Kordik se emocionaba por haber hecho amistad con la estrella de su equipo.
En la convivencia, las charlas giraban siempre sobre el fútbol y el Dinamo, hasta que el panadero tuvo una idea genial: le encomendó a Trusevich que en lugar de trabajar como él amasando pan, se dedicara a buscar al resto de sus compañeros. No sólo le seguiría pagando, sino que juntos podían salvar a los otros jugadores.
El arquero recorrió lo que quedaba de la ciudad devastada día y noche, y entre heridos y mendigos fue descubriendo, uno a uno, a sus amigos del Dinamo. Kordik les dió trabajo a todos, esforzándose para que no se descubriera la maniobra. Trusevich encontró también algunos rivales del campeonato ruso, tres futbolistas de la Lokomotiv, y también los rescató. En pocas semanas, la panadería escondía entre sus empleados a un equipo completo.
Reunidos por el panadero, los jugadores no tardaron en dar el siguiente paso, y decidieron, alentados por su protector, volver a jugar. Era, además de escapar de los nazis, lo único que podían hacer. Muchos habían perdido a sus familias a manos del ejército de Hitler, y el futbol era la última sombra que sobrevivía de sus vidas anteriores.
Como el Dinamo estaba clausurado y prohibido, le dieron a su conjunto un nuevo nombre. Así nació el FC START, que a través de contactos alemanes comenzó a desafiar a equipos de soldados enemigos y selecciones de la órbita del III Reich.
El 7 de junio de 1942, jugaron su primer partido. Pese a estar hambrientos y haber trabajado toda la noche, vencieron 7 a 2. Su siguiente rival fue el equipo de una guarnición húngara y le ganaron 6 a 2. Luego le metieron 11 goles a un equipo rumano. La cosa se puso seria cuando el 17 de julio enfrentaron a un equipo del ejército alemán y lo golearon 6 a 2. Muchos nazis empezaron a molestarse por la creciente fama de este grupo de empleados de panadería y le buscaron un equipo mejor para terminar con ellos. Llego MSG húngaro con la misión de derrotarlos, pero el FC Start lo aplastó 5 a 1, y más tarde, ganó 3 a 2 en la revancha.
El 6 de agosto, convencidos de su superioridad, los alemanes prepararon un equipo con miembros de la Luftwaffe (las fuerzas aéreas), el Flakelf, que era un gran equipo, utilizado como instrumento de propaganda de Hitler. Los nazis habían resuelto buscar el mejor rival posible para acabar con el FC Start, que ya había ganado gran popularidad en el pueblo sometido. La sorpresa fue mayúscula, sin embargo, porque pese a las patadas de los alemanes, el Start venció 5 a 1.
Luego de esa escandalosa caída del equipo de Hitler, los alemanes descubrieron la maniobra del panadero. Desde Berlín llego la orden de matarlos a todos, pero los jerarcas nazis no se contentaban con eso. No querían que la última imagen de los rusos fuera una victoria, porque pensaban que matándolos así no harían más que perpetuar la derrota alemana.
La superioridad de la raza aria, en particular en el deporte, era una obsesión para Hitler y los altos mandos. Por esa razón, antes de fusilarlos, querían ganarles en la cancha.
Con un clima tremendo y amenazas por todas partes, para el 9 de agosto se anuncio la revancha, en el repleto estadio Zénit. Antes del choque, un oficial de la SS entró en el vestuario y dijo en ruso: “soy el árbitro, respeten las reglas y saluden con el brazo en alto”, exigiéndoles que hicieran el saludo nazi.
Ya en el campo, los futbolistas del START (camiseta roja y pantalón blanco) alzaron el brazo, pero en el momento del saludo se lo llevaron al pecho y en lugar de decir “!Heil Hitler¡”, gritaron”!Fizculthura¡”, un eslogan soviético que proclamaba la cultura física. Los alemanes (camiseta blanca y pantalón negro) marcaron el primero gol, pero el Start llego al descanso ganando 2 a 1.
Hubo más visitas al vestuario, esta vez con armas y advertencias claras y concretas: “si ganan, no queda nadie vivo”. Los jugadores tuvieron mucho miedo y se plantearon no salir al segundo tiempo. Pero pensaron en sus familias, en los crímenes que se cometían, en la gente sufrida que en las tribunas gritaba por ellos. Y salieron. Les dieron a los nazis un verdadero baile. Hacia el final del partido, cuando ganaban 5 a 3, el delantero Klimenko quedo mano a mano con el arquero alemán. Lo eludió y al estar solo frente al arco, cuando todos esperaban el gol, se dio vuelta y pateó hacia el centro del campo. Fue un gesto de desprecio, de burla, de superioridad total. El estadio se vino abajo.
Como todo Kiev hablaba de la hazaña, los nazis dejaron que se fueran de la cancha como si nada hubiera ocurrido. Incluso el Start jugó a los pocos días y le ganó al Rukh 8 a 0. Pero el final estaba escrito: tras ese último partido, la Gestapo visitó la panadería.
El primero en morir torturado fue Kortkykh. Los demás arrestados fueron enviados a los campos de concentración de Siretz. Alli mataron brutalmente a Kuzmenko, Klimenko y al arquero Trusevich, que murió con su camiseta puesta. Goncharenko y Sviridovsky, que no estaban en la panadería, fueron los únicos que sobrevivieron, escondidos, hasta la liberación de Kiev en noviembre del ’43. El resto del equipo fue torturado hasta la muerte.

AUTOR: elEdu
Fuentes consultadas: instinto-deportivo.blogspot.com, www.edeporte.com, wikipedia, taringa, www.fcdynamo.kiev.ua/en/(pagina oficial) Leer más...

sábado, 1 de mayo de 2010

Yo albañil

El siguiente poema, cuya autoría está compartida, surge en alguna obra en construcción donde dos señores albañiles (vaya a saber uno en qué situación), deciden comenzar un poema autodedicado. Uno de ellos, mi viejo, más conocido como Don Juan, me lo dió hace un tiempo para que lo leyera. Demás está decir la emoción que sentí. Así que con un permiso tácito, he decidido compartirlo con ustedes.

Todos cantan a la Madre
todos cantan un sentir
quiero cantarle a mi gremio
porque Yo soy Albañil.
Y a pesar de ser muy pobre
construyo casas de a mil,
porque me gusta hacer techos
aunque al razo sé dormir.
Quiero cantarle a mi gremio
porque Yo soy Albañil.

Poco techo tiene el pobre
poca cama pa` dormir.
Pero vivimos soñando
con un mejor porvenir.
Muy larga es nuestra esperanza,
muy largo es nuestro sufrir,
Y casi llegamos al cielo,
dale construir y construir.
Quiero cantarle a mi gremio
porque Yo soy Albañil.

Construir es realizar algo,
es constructivo el Amor.
Así lo dijo el Maestro,
aquel gran Predicador.
“Amaos unos a otros
y el mundo será mejor”
Y nos mostró un cielo puro
limpio, de color añil.
Quiero cantarle a mi gremio
porque Yo soy Albañil.

Mi gremio es un gremio rudo,
se llama la construcción,
dentro de ella hay tanto anhelo,
tanta pasión, tanto Amor,
que al levantar una casa
mezclamos de corazón,
polvo, arena, cal, cemento
junto con nuestro sudor.
Quiero cantarle a mi gremio
porque Yo soy Albañil.

Cuando todos mis hermanos
y Pueblo Trabajador
tenga un techito propio
¡Qué contento estaré yo!
No es mucho lo que pedimos,
compréndanos Gran Señor,
no queremos casas quintas
ni chalets ni bungalows,
esas casas son pa` ustedes
un techito pido yo.
Dejenme cantar a mi gremio
porque yo Soy Albañil.


22-04-85
PACUÁ y VERGARA
¡Feliz día del Trabajador!
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Los Trabajadores del Fútbol

Muchos han sido quienes alguna vez soñaron con ganarse la vida jugando a la pelota. Puedo incluirme en ese grupo, puesto que durante años conviví con esa sensación de estar haciendo una actividad placentera con miles de horizontes, pero sin la certeza de alguna vez alcanzar el tesoro. Y hablo del tesoro como un fin que nada tiene que ver con el brillo del oro. Simplemente llegar. Parece sencillo, pero no lo es. ¿Cuántas veces escuchamos: "en el barrio hay un pibe que la rompe, no sabés cómo juega el loco ... ese seguro llega"? Frases de intelectuales del potrero, hacedores de cracks, que muchas veces aciertan, pero que en muchas ocasiones sólo encienden una llama que más tarde no son capaces de avivar.

Porque a toda esa ilusión y talento bruto le hacen falta varios ingredientes más: una cuota de suerte, el Club apropiado, un Entrenador capaz y ... TRABAJO, CONSTANCIA, PERSEVERANCIA.

¿O quién puede negar que sin talento todo se hace más difícil? "Algunos nacen estrellas, y otros estrellados" Tan crudo como apropiado para la ocasión.

Por eso hoy, DÍA DEL TRABAJADOR (también es el cumpleaños de mi Vieja, vaya coincidencia) yo quiero dedicarle uno párrafos a aquellos jugadores que desprovistos de talento vistoso, de una zurda endiablada, o de un potente disparo, olfato goleador o capaz de asistir a un compañero y ponerlo de cara al gol, y a pesar de eso se mantuvieron o se mantienen en el fútbol hiper profesional de los últimos años.

A mi querido Nelson, defensor que no le esquivó a ninguna posición y que con su aguerrida personalidad supo ser elegido por varios entrenadores, entre ellos dos de la SELECCIÓN NACIONAL. Por supuesto que también estuvo por Europa, porque en el viejo continente no sólo se fijan en el talento sudamericano, a veces necesitan de estos jugadores de técnica correcta que se parecen más a un italiano que a un Argentino. Y pagan fortuna por ellos.

Así hubo delanteros como Sergio, especimen de otro planeta, que supo deleitar a calamares y xeneises con una jugada que con el correr del tiempo sólo engañaba a quienen querían creer que había sido una buena compra.

El Colorado, defensor aguerrido que supo defender con empeño y sudor la franja izquierda. Que también llegó a la Selección y hoy en día todavía transita por el mundo del fútbol. En sus épocas de jugador, si uno lo veía pasar por la calle podríamos haberlo confundido con algún cadete, kiosquero, encargado de edificio, pero no con un jugador de fútbol.

Arévalo. ¿Alguien recuerda a Árevalo? Si ven una foto ahora, bien podría ser un baterista de grupo heavy. Era una cabaña de la montaña: todo rústico.

Y voy a dejar mi último párrafo para un trabajador que hoy en día ha superado ampliamente sus propias ambiciones: El Chapu Braña. Acepto todas las discrepancias, todas. Personalmente, lo he agredido con mis pensamientos en sus inicios con la camiseta de Quilmes. Era un roedor callejero. No se guardaba nada, ni en lo físico ni en lo técnico-táctico. Porque no le sobraba. Hoy, vaya uno a saber por qué (si eso no es trabajo, ¿el trabajo donde está?) le sobra por todos lados.

Creo que no hacen falta aclaraciones. Todas estas apreciaciones son totalmente subjetivas. Llevan un análisis objetivo, sí. Pero se centran en lo que espero como espectador de fútbol, sea cual sea el equipo.

Han pasado y pasarán miles de jugadores por nuestro fútbol. Cada uno tiene en su poder un pedacito de historia. A algunos los recordaremos por sus goles, por sus atajadas, por como pateaban un penal o tiro libre, porque en las áreas eran infalibles, etc etc etc. Pero creo fervientemente que hay que recordar también a los TRABAJADORES DEL FÚTBOL. Los que salen a la cancha desnudos de talento y partido tras partido siguen cosechando alegrías. Alegrías propias y ajenas.

Ojalá que estos párrafos hayan hecho TRABAJAR su memoria. Estoy seguro que agregarán muchos otros ejemplos.


¡A TODOS USTEDES, FELIZ DÍA DEL TRABAJADOR!

Autor: Hugo P. (Grafo)
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